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¿Y los afectados por los sísmos en México?

A  solo un mes de los desastres naturales ocurridos en el sureste y centro  de México, parece ser que hemos olvidado la ayuda o la desgracia; como si el sufrimiento por el que han pasado nuestros compatriotas hubiese terminado cuando las cámaras los desenfocaron. Sin embargo ellos no son el único caso, ya no pensamos en los damnificados en el caribe, o en el sur de Estados Unidos.

Estas acciones de  olvido son un claro ejemplo de la decadencia de  nuestra cultura. Lamentablemente hoy se lucra con la desgracia de las personas, de nuestros iguales. Hoy día un desastre o algún accidente se traduce en rating, lo que a su vez se convierte en dinero.

Medios de comunicación y figuras publicas “acudieron a ayudar a los damnificados”, su ayuda se basa en asistir a las zonas devastadas, tomar una foto, estar frente a los reflectores, y subirlo a las redes sociales, ya que si no se comparte la caridad en esos sitios es como si nunca se hubiera hecho.

¿Que pasa después? ¿qué sucede con los damnificados y sus necesidades? Me atrevo a decir que su necesidad termina en el preciso momento en el que dejan de ser noticia. Donde nuestra necesidad impulsiva de estar siempre informados nos lleva a la siguiente nota de importancia, siendo esta tan banal como nuestra imaginación lo permita.

Tan solo 10 días después de estos graves sucesos del siete de septiembre, era mucho más importante hablar de la pelea del “Canelo” y su posterior empate, que mencionar los fraudes de las donaciones hechas a Oaxaca o el desvío de recursos circulados en las redes sociales.

La duración de la empatía del ser humano se reduce a la duración del video o del reportaje. Estamos en un mundo comunicado y con exceso de información. Sin embargo hay dos problemas fundamentales de los que podemos hablar. En primer lugar, sí, tenemos información, sin embargo la misma en la mayoría de los casos no posee un contenido apropiado.

Si tuviese que hacer una analogía sobre el tráfico de información hoy día, me atrevería a decir que es como en la antigüedad cuando se paso de la doxa(opinión) al logos(razón). Hoy aunque tenemos una abundante información, ésta en su mayoría es doxa y muy poca la que posee una característica de logos.

Aunque Oaxaca, Chiapas, Morelos, Puebla y CDMX ya no se encuentren frente  a los reflectores, sus necesidades siguen estando latentes, casas y edificios no levantarán tan fácilmente, la reconstrucción de sus pueblos y ciudades puede tardar muchos años, no serán suficiente algunas despensas gubernamentales y los muchos “amen” de las cadenas de oración. La gente es fuerte, pero necesita de la empatía y de la ayuda de todo un país, necesita de la fuerza de México.

Opinión de Santana Rodríguez

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