¿Por qué hay tantos pobres en México?

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Una interrogante que distintos países miembros de organizaciones internacionales a las que pertenecemos se hacen constantemente, ya que, no pueden comprender cómo un país que posee bastos recursos naturales, tierras para sembrar, turismo, pero sobre todo petróleo, esté tan rezagado en cuanto a la lucha contra la pobreza se refiere.

Somos un país con altos contrastes, dónde, viven de las personas más ricas del planeta, como es el caso de Sr. Slim, así como también personas que solo tienen para sobre vivir 12 pesos al día.

¿Dinero? Hay; de no haber, no existiría incluso la posibilidad de robarlo como lo han hecho muchos ciudadanos en cargos públicos; desde los presidentes municipales, hasta los señores gobernadores.

Si la pobreza es evidente, ¿Por qué el Gobierno no la combate?

Respuesta atrevida es contestar: Los pobres son necesarios, al menos para los altos mandos del gobierno.

¿En que son necesarios?  A la hora de votar, a la hora de los mítines políticos, a la hora de las firmas.

Sin afán de ofender a las personas en estas condiciones precarias. Los pobres somos útiles para los dirigentes de la nación. Una persona con hambre es más fácil de convencer para que voto por un determinado partido, cuando le ofreces un monedero electrónico con 500 pesos, o le donas enceres domésticos, o cualquier cosa de primera necesidad que le ayude a hacer su sufrimiento un poco más ameno.

La pobreza por la que pasamos muchos de los mexicanos nos impide tener un juicio óptimo a la hora de tomar las decisiones correctas.

Cuando el hambre llega a tu vida y el sistema no te ofrece oportunidades para mitigarla, es fácil abordar un camión con destino a un mitin político, del candidato que sea, ya que al menos, ahí sabremos que nos darán un lunch para olvidar la pobreza por ese día.

Mismo caso con las tarjetas de dinero electrónico repartidas para ganar votos. Al gobierno mexicano le conviene que la pobreza permanezca. Ya que con más del país en dicha condiciones al momento de elegir solo habrá que colocar el incentivo adecuado y los votos serán suyos. Esta práctica no es propia de un solo partido ya que la hemos visto en todos, cada uno de ellos con un matiz distinto; sin embargo en el fondo, el mismo hecho.

Entonces ¿No habrá solución?

Es difícil contemplar una solución, ya que, considero, bajo mi paupérrima opinión, que el sistema político en el que estamos, es por demás, origen, causa y sustento de nuestros problemas. Un círculo vicioso. Puesto que ellos legislan y tienen el control de lo que  sucede con los impuestos, mismos que como ya hemos observado son ultrajados incontables veces,  solo pensemos en los Duarte.

Entonces, ellos son la causa de que existan pobres y luego los pobres motivamos por el hambre los eligen a ellos; y así en un círculo interminable.

La realidad

Resulta complicado saber cuál de los candidatos que se postulan es el más honesto, ya que como lo hemos mencionado en artículos anteriores, el actual sistema político nos arroja a elegir lo que ellos quieren, por lo que terminamos escogiendo no al más sabio sino al menos idiota. Algo triste si hablamos de una sociedad democrática.

¿Qué nos queda?

Remar contra corriente, evaluar a los candidatos que buscan representarnos y cuestionarlos hasta el cansancio sobre sus acciones, no sus dichos.

Un discurso bien elaborado podrá maravillarnos, sin embargo, si esas palabras no tienen correlación con sus obras, frases vacías serán.

Por ejemplo, si un determinado político que ya ha ocupado un cargo público y ha sido señalado en diversas ocasiones como corrupto o de reputación dudosa, desde ese momento, nuestras alarmas deberán encenderse. Ya no podemos confiar en declaraciones bonitas, recordemos que muchas de las declaraciones federales son una moneda de dos caras; es decir, son oblicuas.

Por el contrario, solo los hechos podrán decirnos si un determinado servidor público ha hecho bien o no su trabajo.

Regresando a los pobres.

En este país somos muchos y en esta ocasión, deberemos estar unidos, así como todos los voluntarios tras los sismos ocurridos en septiembre. Deberemos soportar un poco más el hambre, no rebajarnos a vender el voto por unos cuantos pesos, que en primer lugar son de nosotros, ya que el dinero es del pueblo.

Intentemos elegir, con dignidad y conciencia, atrevámonos  llevar a cabo una auténtica democracia donde el poder efectivamente se encuentre en el pueblo y no solo en apariencia.

Para la clase política nosotros los pobres somos necesarios; demostremos, como en septiembre, que en cambio, nosotros a ellos no los necesitamos.

Opinión Santana Rodríguez

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