En la opinión de: La Nación

México despertó: “el dos de octubre no se olvida”

Hoy cumplimos un año más del día en que México cayó en un sueño profundo, aquel  dos de octubre del año sesenta y ocho la nación perdió su voz y su resistencia ante el gobierno.

El acto fue tan cruel, que no volvió a ver oposición pública. La fuerza de México, que eran los jóvenes, fueron socavados como incendio forestal ante el agua insipiente. El gobierno había demostrado su poder, pero sobre todo demostraban lo que eran capaces de hacer si teníamos ideas opuestas a las suyas.

El motor intelectual, que es el que mueve al país, fue destruido, y en ese momento la nación entró en un estado letárgico. Pensar era un crimen, y oponerse a los gobernantes era cortejar con la muerte. El miedo se apoderó de nosotros, las voces callaron y el control del país pasó de manos del pueblo a los dirigentes.

Los ríos de sangre corriendo por la plaza de las tres culturas fueron el ejemplo de la herida mortal que como sociedad fuimos víctimas. Hecho tan ruin que sigue la tente en la memoria de todos aquellos que lo vivieron y de todos los que aunque no, sienten la impotencia ante tal evento. Herida que nos dejó moribundos, sin voluntad y con muy poca fuerza para seguir adelante.

Poco a poco, y de un amanera muy sutil, nos fueron quitando la capacidad de criticar, de cuestionar e interpelar al gobierno; la filosofía abandonó las aulas y con ella nuestra capacidad de preguntar los porqués fue olvidada.

Nos volvimos máquinas y la enajenación se volvió un tópico en nuestra vida.

Hace algunos años un grupo de jóvenes en Ayotzinapa quisieron despertar de nuevo a la nación dormida, sin embargo, es momento que aún no sabemos ni su paradero, ese intento de encender de las cenizas aquél fuego mitigado, falló nuevamente.

México parecía no tener ya un rumbo fijo, sus jóvenes enmudecidos se enajenaban más y más en el mundo de la tecnología; la apatía por el acontecer social imperaba en sus venas y parecía que no habría nada que hiciera enardecer esa voluntad incontenible como en el sesenta y ocho.

Solo un acto de gran impacto puede despertar una nación; y ese acto llegó, a manos de la madre naturaleza. Un sismo que destruyó lo que tuvo a su paso en el corazón del país, terminó despertando en más de un sentido a la nación.

Los jóvenes despertaron y tomaron el control del país, se organizaron, y trabajaron juntos por un bien común, así como en las épocas de antaño.

Recobraron la voluntad para interpelar al gobierno la ayuda, fue tal la fuerza que poco a poco el gobierno tuvo que retractarse de no entregar los recursos y destinarlos a la reconstrucción del país.

La tragedia nos volvió a unificar y nos hizo recordar que unidos somos más fuertes y que el poder sí puede estar en nuestras manos.

Los jóvenes tienen ahora el control de la nación, solo esperemos que tengan la fuerza y el valor de no soltarlo. Sobre todo de cara a las elecciones del año entrante.

México no olvida, el dos de octubre late ahora con más fuerza, hemos despertado; trabajemos por seguir así.

Opinión de Santana Rodríguez

/* ]]> */