La abstención el peor enemigo de la democracia

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Es común escuchar en distintos medios de comunicación que existen muchos orígenes de los males que hoy aquejan a nuestro bello país. Entre esas cosas que escuchamos se encuentran: la falta de compromiso de los partidos políticos, la violencia, narcotráfico, crimen organizado y sobre todo la tan hiriente corrupción. Sin embargo, todas y cada una de estas cosas son causas externas; es decir, todas ellas son cosas que los demás factores de la sociedad hacen para dañarla y no mencionamos ninguna causa de la que en primer lugar sea responsable la sociedad. Este mal, se llama indiferencia.

La indiferencia se origina cuando has dejado de tener interés o rechazo hacia alguna cosa determinada, en este caso la participación en la democracia. Es común escuchar frases como: para qué voto si de todos modos ponen a quién ellos quieren, votar es solo perder el tiempo, todos los partidos son iguales, entre otras cosas. Esto solo hace que en verdad los partidos hagan lo que se les antoje o que ganen con muy pocos votos.

En las últimas elecciones la participación de la población ha sido menor al 70% de la comunidad votante. Ese 30% puede ser la clave para que las votaciones sean más parejas.

Seamos concretos, al observar las redes sociales y medios de comunicación se puede percibir un cierto descontento por los manejos de la actual administración. Al parecer, ahora sí, habemos muchos mexicanos en las calles expresando nuestro sentir y negación hacía el primer mandatario. Pero, ¿dónde estábamos hace 5 años? Una pregunta con respuestas tal vez muy ambiguas. Fue fácil para muchos otorgarle el poder de elegir a unos cuantos, absteniéndonos de nuestro voto. Y ¿ahora? ¿qué hacemos? Diría la sabiduría de las abuelas, ¡cállese y aguántese! Un imperativo que conviene a nuestro artículo, pues si bien no tuvimos el interés para poder elegir con coherencia y madurez a nuestros gobernantes, no finjamos que ahora nos preocupamos por ello.

Tal vez como niños pensamos; que gane quien gane, de todos modos no me afecta, lo único que buscan es el poder; y ahora que nos está afectando empezamos a valorar la importancia de aquello que no hicimos.

Usaré un ejemplo de lo que sucede cuando somos indiferentes.  Una ocasión vi que a mi vecino se le incendiaba su casa; como yo no le hablaba decidí no ayudar ya que  no era mi asunto. Horas después, el fuego aumentó y se propagó incendiando mi casa. Ahora si, alarmado, buscaba como detener el fuego. Sin embargo, era tarde, el fuego había crecido tanto que consumía ambas casas y amenazaba con propagarse más y más.

De antemano sé que el ejemplo puede ser muy burdo; sin embargo, útil a nuestros fines. Pensamos absurdamente que las decisiones de los demás no nos afectan pero  en la práctica sabemos que no es así, todos estamos conectados.

Ser indiferentes nos puede afectar de maneras inimaginables en el momento que a la larga traen efectos que no llegan a gustarnos. Responsabilizamos a los otros por haber elegido, cuando nuestra nula participación y falta interés son los verdaderos responsables.

Queremos empezar a corregir los males de México empezando por los cambios externos sin preocuparnos por empezar a cambiar nuestra manera de participar y de preocuparnos de ellos. Al interesarnos auténticamente por nuestros problemas, podemos escuchar que candidato en verdad nos ofrece una respuesta clara, objetiva, real y convincente. El interés por lo que nos acontece nos lleva a cuestionarnos si tal o cual postura nos conviene o no. Si queremos cambiar la situación de nuestro país debemos comenzar por nosotros, para poder exigir un cambio en la cosmovisión de la sociedad.

Opinión  de Santana Rodríguez

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