Albert Renger-Patzsch: naturaleza, tradición y fotografía

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Las fotografías de Albert Renger-Patzsch rezuman sobriedad, se centran en el detalle y realzan los aspectos más formales y materiales de los objetos capturados. Sólo de esa forma conseguía intensificar el interés y la consciencia de quien las admiraba. “Volver a este momento nos ayuda a reflexionar sobre la situación contemporánea de la fotografía”, explica Sérgio Mah, comisario de Albert Renger-Patzsch. La perspectiva de las cosas, la exposición que la Sala Recoletos de la Fundación Mapfre acoge hasta el 20 de junio. “Cuando hoy hablamos de la influencia de lo digital, el fin de la fotografía o el inicio de la postfotografía, echar un vistazo al trabajo de Renger resulta interesante. Es una forma de mirar a la historia para encontrar las respuestas”.

Realismo, objetividad y neutralidad fueron las características de su obra que dieron lugar a un estilo sencillo y templado, producto de concebir la cámara como aparato técnico capaz de trasmitir la naturaleza de las cosas y de reforzar la consciencia de las mismas. “En su trabajo encontramos una mirada a la historia, al movimiento victorialista. En aquel entonces era importante buscar un arte fotográfico que no imitase la pintura y no buscase los valores en otras disciplinas”, señala Mah. “Y, en segundo lugar, se interesó y participó en el periodo de las vanguardias artísticas, intentado centrar la fotografía y frenar la idea de que no hay especificidad, ni disciplinas”.

Con 185 fotografías y material documental, la muestra realiza una retrospectiva de su carrera, desde la década de 1920 hasta la de 1960, examinando la amplia gama de géneros que la marcaron a través de tres momentos fundamentales: sus años iniciales, con las imágenes de plantas para la editora Folkwang/Auriga y la profusión de temas presente en su libro El mundo es bello; el periodo que se abre con su traslado a la zona del Ruhr, caracterizado por una intensa producción en torno a sus arquitecturas y elementos industriales; y, finalmente, los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando retorna a la naturaleza. “Su trayectoria artística se confunde mucho con su vida personal”, señala. “Hay que tener en cuenta un contexto social que estaba cambiando mucho en Alemania por los fenómenos de la industrialización y el imperio de la tecnología”. De modo que esta transformación social fue el desencadenante de los cambios sociales, artísticos y perceptivos de su trabajo, que fue virando hacia una fotografía híper realista.

En definitiva, una manera de reflexionar sobre las posibles conexiones y analogías entre el mundo dado (de la naturaleza) y el heredado (del pasado, de la tradición), y el mundo nuevo, transformado por el hombre, que emerge con los nuevos designios de la cultura moderna, urbana e industrial. “Para Renger, el realismo está conectado con la racionalidad de la máquina, pero la lógica y la frialdad de la imagen no llega como una cosa seca y fría al espectador, pues la percepción humana nunca es objetiva”, comenta sobre las obras, procedentes, entre otros, de la Fundación Ann y Jürgen Wilder (Múnich), la Galerie Berinson (Berlín) o el Centre Georges Pompidou (París).

El fotógrafo logró, así, combinar las cualidades descriptivas y objetivas de la fotografía con sus aptitudes estéticas, logrando una ruptura con las prácticas fotográficas anteriores. Ésta fue para el artista la única manera de conseguir que la fotografía alcanzara una identidad propia, claramente diferenciada de la herencia pictorialista y de los experimentalismos híbridos de las vanguardias de principios del siglo XX. Su obra es el claro reflejo de sus palabras: “ya no se puede concebir la vida moderna sin la fotografía”.

Los ‘retratos’ de la Fundación Mapfre

Hasta el 3 de septiembre, la Fundación Mapfre presenta, también en la Sala Recoletos, Retratos. Colecciones Fundación Mapfre de fotografía, una exposición realizada con fondos propios y en la que se realiza un recorrido por la historia de la fotografía tomando como tema conductor el retrato. “Hemos hecho un trabajo para mostrarlos sobre una idea del retrato entendido de una manera amplia para que no se permitiera mostrar la colección de la mejor manera o por lo menos señalar lo que hay”, ha apuntado Pablo Jiménez Burillo, director de cultura de la Fundación Mapfre.

Así, se mostrarán retratos de calle, robados y consentidos, los de comunidades y la relación del artista con el propio retrato cuando hay un modelo. “Para nosotros es importante mostrar la recopilación, pues coleccionar es una manera de mirar, de expresar la visión sobre la historia de la fotografía”, ha añadido sobre la colección, que se centra exclusivamente en la fotografía artística del siglo XX. Es, por lo tanto, una colección joven que muestra la obra de quienes, por su talento y creatividad, han escrito la historia de este arte: Lisette Model, Walker Evans o Robert Frank, pero también la de artistas en activo considerados ya clásicos, como Graciela Iturbide, Lee Friedlander o Nicholas Nixon.

 

 

FUENTE: ELMUNDO

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